¿Qué alianza hace pasar a los materiales formativos sanitarios del 5 raspado al 10 holgado?

redactor médico

¿La adivinas?

Sigue leyendo y averiguarás de qué se trata.

Pero antes…

Formación médica continuada y empoderación del paciente, ¿qué tienen en común?

Información, docencia, pedagogía, formación, instrucción, educación.

Así es. En ambos casos, y para ambos colectivos, estamos ante un escenario de adquisición de saber, de competencias y de habilidades relacionadas con el ámbito sanitario.

Para lograr dicho saber, en la formación continuada dirigida a los profesionales de la salud (médicos, farmacéuticos, enfermeros…), se utilizan materiales instructivos y didácticos, esencialmente cursos de formación online (eLearning) para adquirir nuevos conocimientos o para la obtención de acreditaciones. Estas acciones están, en muchas ocasiones, impulsadas desde los mismos centros médicos, laboratorios farmacéuticos o fundaciones que promueven el desarrollo del sistema sociosanitario.

En el caso de la empoderación de los pacientes se suelen impartir seminarios y actividades formativas orientadas a pacientes, a familiares, a cuidadores y a asociaciones de pacientes. Estas propuestas están, también, impulsadas tanto por la propia industria farmacéutica, como por agentes con responsabilidad social que buscan favorecer la prevención de enfermedades e incentivan la figura del paciente experto (o saludauta).

Bien. Hasta aquí, una pincelada a las similitudes de ambas aproximaciones educativas en el contexto de la salud.

Busca las diferencias

Sin embargo, la formación médica continuada y la empoderación del paciente difieren, intensamente, en varios aspectos. Toma nota de los principales:

  1. Target: el público diana al que se dirigen los materiales formativos es marcadamente distinto.
  2. Propósito: el objetivo final que se pretende alcanzar en uno u otro contexto es diferente.
  3. Lenguaje: La jerga médica y científica especializada dista del lenguaje divulgativo dirigido a los no legos en estas materias.

Es decir, una oferta formativa exitosa sabe poner el foco en el público final, marca cuáles son los objetivos a lograr y, muy importante, utiliza el registro y los discursos léxicos adecuados.

No todo vale para todos.

Y, de no ser así, allí es donde residen los mayores fiascos magistrales. Reveses magistrales, diría yo.

Cursos inacabados. Pérdidas de tiempo. Suspenso en asimilación. Expectativas no cubiertas. Fracaso formativo.

La alianza capaz de transformar unos contenidos didácticos mediocres en efectivos

Ahí afuera, existe un profesional capaz de proveer de toda la gama cromática de colores a los contenidos médicos y científicos grises.

Te presento, sin más demora, al redactor médico o medical writer.

 

Apoyarse en la figura de un redactor médico, durante la elaboración de los materiales docentes y formativos, es una garantía de efectividad y certidumbre para conquistar las competencias formativas que se persiguen.

El redactor médico dedica su tiempo al arte de escribir sobre salud, medicina y ciencia y, mayoritariamente, su formación se asienta en una licenciatura de ciencias de la vida o experimentales.

Este curioso personaje, un híbrido de las ciencias y las letras, comprende el método científico, posee destrezas en el desempeño de la escritura, conoce las particularidades de la terminología biomédica y trabaja sobre múltiples especialidades médicas y con una gran variedad de piezas (desde manuscritos científicos hasta documentación divulgativa de educación sanitaria, pasando por todas las tipologías de documentos razonables).

Un redactor médico es, poco más o menos, un superhéroe.

¿Qué fortalezas y cualidades de un redactor médico son valiosas en el negocio de la oferta formativa?

Un redactor médico posee múltiples cualidades, de gran aplicabilidad y valor, para la creación de materiales médicos y sanitarios con fines (in)formativos e instructivos.

1.   Organización y planificación

No te descubro nada nuevo si te digo que en un intenso ejercicio de organización y planificación de contenidos va a residir gran parte del éxito comunicativo.

A veces, estoy de acuerdo, parece que se pierde el tiempo planificando, y el deseo de lanzarse sobre el papel en blanco arde por dentro.

Sin embargo, ten claro que los redactores médicos no van a sucumbir a esta tentación de principiantes.

Éstos, antes de nada, van a marcarse un índice que organice y albergue todo el contenido didáctico a abordar. Sin esta estructura clara no van a mover ni un dedo, puesto que saben que ésta les va a evitar mucho tiempo malgastado.

Y no sólo eso, durante esta planificación expositiva, los redactores van a establecer un zoom del contenido. Es decir, van a desarrollar, primero, las ideas de contextualización conocidas por el lector, segundo, los aspectos desconocidos por éste y, finalmente, abordarán las etapas de más concreción, como ejemplos o preguntas relacionadas.

2.   Practican la claridad expositiva

Así es, los redactores médicos son conscientes de que el lenguaje científico y especializado no persigue fines estéticos, sino más bien descriptivos, didácticos y comunicativos. Las publicaciones médico-científicas, de las que son tan conocedores, utilizan lenguaje y razonamientos directos: a la célula X se le añade el fármaco Y, causando el efecto Z.

Sin rodeos. Concreción.

Evidentemente, esta forma de pensar y de redactar, siguiendo un orden expositivo directo, será muy apreciada a la hora de plasmar contenidos pedagógicos que faciliten la comprensión.

¿No te ha pasado nunca que, por más que lees y relees un párrafo de talante pedagógico, no alcanzas a comprender su significado? Apuesto a que sí.

Por no hablar de aquellos dossiers de la copistería en la facultad, donde el profesor de turno (¿por qué siempre me viene a la cabeza aquel catedrático de ecología?) volcaba las transparencias atropelladamente y caóticamente y, lo más sorprendente, se quedaba tan ancho. Dejemos el tema, que me crispo.

3.   Formulación de textos concisos

Lo bueno, si breve, dos veces bueno.

A ahorrar se ha dicho. En materiales formativos de carácter médico-científico es necesario abandonar la retórica y la adjetivación innecesaria, en favor de textos más ágiles y que precisen menor esfuerzo (y tiempo) por parte del discente o lector que recibe la enseñanza.

Simplificar y reducir la complejidad del lenguaje a la mínima expresión ayudará a los pupilos a entender el mensaje final. Cada palabra cuenta y, en este contexto, no se permiten las redundancias.

Los redactores médicos son muy buenos realizando ejercicios de síntesis y seleccionando las ideas y palabras clave, sobre las que debe girar cada una de las secciones formativas.

4.   Precisamente precisos

Parece fácil escoger las palabras adecuadas, pero nada más lejos de la realidad.

Nuestro idioma es muy rico, riquísimo, y seleccionar una, y no otra palabra, o tiempo verbal puede cambiar todo el significado de una frase. Y, por si fuera poco, el inglés, idioma científico de referencia, nos puede jugar muy malas pasadas.

Si, por ejemplo, extraigo la palabra “constipated” de un pasaje científico en inglés, muchos pensarán que el documento trata de catarros y gripes, pero un redactor médico reconocerá que el protagonista del artículo andaba estreñido.

La precisión, así como huir de la ambigüedad, resultan claves para transmitir contenidos instructivos de forma correcta.

5.   Contenido versus continente

He aquí la cuestión, ¿cuál es más importante?

La respuesta correcta es… los dos. Fifty:fifty.

Imagina que tienes un gran contenido formativo frente a ti, pero con una presentación pésima y con poca gracia. Resultado: fiasco magistral, again.

Tanto el fondo como la forma resultan cruciales para facilitar la comprensión y la asimilación por parte del lector que recibe la enseñanza.

Es como si tuvieras un mazacote de barro, eso sí, un barro excelente y con una arcilla de gran calidad, pero carente de forma alguna. No transmite ni motiva nada. En cambio, ese barro puede estimularse, moldearse, dotarlo de vida y forma, transformándolo en una vasija o un botijo.

El redactor médico será ese alfarero capaz de dar vida, alma y atractivo a un contenido inerte y sin personalidad.

El redactor médico será ese alfarero capaz de dar vida a un contenido inerte Clic para tuitear

¿Cómo lo consigue?

Las técnicas pedagógicas son el truco. Bastantes redactores médicos tienen el CAP (Curso de Adaptación Pedagógica) o actual Máster de Docencia. Lo típico, licenciados de biología, química y demás modalidades, con un panorama negro al acabar la carrera. Aquello de… “sácate el CAP, por si acaso”.

El “por si acaso” se ha materializado en el dominio de numerosas estrategias pedagógicas al servicio de los materiales formativos para médicos y pacientes.

Jerarquización de contenidos, organización de la información en grupos con características comunes  en forma de árbol, resolución de casos, organización del material de modo pregunta-respuesta, esquemas, mapas conceptuales, cajas con información adicional “para saber más” o que sintetizan los puntos clave de una sección, glosario de conceptos o ideas, imágenes e infografías, enlaces multimedia…

Y mil y un recursos más para dar forma al fondo.

6.   Un toque de copywriting

En este punto debemos entrar en el mundo del marketing y, concretamente, en el marketing de contenidos. Se entiende por marketing de contenidos a la creación de contenidos valiosos e inestimables como potente herramienta para atraer la atención del potencial cliente y, en última instancia, dirigirle a una determinada acción (normalmente a que compre un servicio o producto).

En este contexto, el copywriting nace como la estrategia básica para conquistar al lector, dotando a dichos contenidos de sex-appeal y creatividad.

Como no podía ser de otra forma, el redactor médico conoce las ventajas de esta destreza literaria y la utiliza en su beneficio para idear textos apetecibles y amenos, porque evidentemente, ¡los cursos formativos pueden ser apetecibles y amenos!

Contenido easy-to-read, títulos cautivadores y conclusiones irresistibles son los vértices elementales sobre los que gira cualquier material didáctico con un soplo de copywriting.

En definitiva, para aprender hace falta comprender.

Para comprender, hace falta una instrucción adecuada.

Para una instrucción adecuada, hace falta una capacitación profesional apropiada.

 

Atribuciones: imagen de cabecera y resto de imágenes CC0.

Este post se publicó previamente como artículo invitado en http://www.contidosdixitais.com/

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *