10 razones por las que ser Redactor Médico es una profesión de superhéroes

Estamos inmersos en fechas navideñas, tenemos dulcificado el corazón y los buenos deseos van y vienen.

Completamente embargada por este halo de hermandad, hoy me gustaría dedicar el post a un colectivo muy especial.

Me gustaría acercaros a todas aquellas personas que dedican su tiempo al arte de escribir sobre salud, medicina y ciencia, y, en particular, a la figura de los redactores médicos (medical writers para muchos).

En España es una profesión bastante nueva, aunque tremendamente en auge.

Sin embargo, el reconocimiento de la figura del redactor médico es indiscutible desde hace años en otros países, principalmente como mérito de los propios profesionales, de la labor realizada por la American Medical Writers’ Association (AMWA) y de sucesivas asociaciones que siguieron su estela (EMWA, AERTeM).

Lo prometido es deuda.

Sigue leyendo y descubrirás las 10 razones por las que ser redactor médico no es una profesión cualquiera y sólo apta para superhéroes.

1.      Estamos ante unos profesionales híbridos, que aman tanto las ciencias como las letras

Generalmente, el perfil de los redactores médicos tiene, mayoritariamente, sus raíces en una licenciatura de ciencias de la vida o experimentales, aunque en otros casos los protagonistas cursaron estudios de base lingüísticos o periodísticos.

Haber realizado experimentación básica o poseer un doctorado en investigación es un mérito muy valorado, ya que conlleva, implícitamente, la comprensión del método científico.

Sin duda, el denominador común de todos ellos es la habilidad en el desempeño de la escritura con un nivel de redacción muy bueno y el interés en todo lo que concierne a la salud, a la biomedicina y a los progresos científicos.

Por tanto, no es requisito imprescindible tener una titulación en medicina, aunque es muy valioso disponer de fundamentos sólidos sobre fisiología y biología humanas, anatomía, y farmacología y conocer, además, las particularidades de la terminología médica.

2.      Son unos profesionales que realizan un trabajo de gran valor para la sociedad

La información sobre cuestiones de salud y médicas es lo más buscado por los ciudadanos en la red.

Queremos informarnos sobre la salud, ya sea por enfermedad propia o de nuestro entorno, por curiosidad o, incluso, para dar respuesta a nuestras inquietudes.

Por tanto, la escritura sobre estos temas y la denominada alfabetización en salud es realmente trascendente en los tiempos que corren.

El papel de los redactores médicos es de vital importancia y éstos asumen una gran responsabilidad al trasladar contenidos complejos y especializados en lecturas comprensibles, de calidad y veraces para el gran público.

3.      Los redactores médicos deben estar a la última

En el ejercicio de la profesión como redactor médico es importante que los datos sobre los que se escribe estén actualizados.

Es decir, los avances en el campo de la medicina están a la orden del día y se suceden a gran velocidad, por lo que la actualización y el reciclaje deben ser constantes en estos profesionales.

Además, aquellos casos en los que se escribe documentación sobre desarrollo de medicamentos implican un conocimiento absoluto de las pautas para el desarrollo de fármacos, ya que son varios los organismos reguladores, legislaciones y guías que se revisan y modifican periódicamente.

4.      El contenido es lo más de lo más y debe depender de fuentes 100% fiables

Los redactores médicos deben realizar tareas de investigación e invertir gran cantidad de su tiempo en realizar lecturas de contextualización, previas a iniciar la redacción de cualquier contenido propio.

Es decir, es clave una adecuada y eficiente estrategia de búsqueda bibliográfica.

Los redactores médicos actúan como exploradores en la selva, abriéndose camino con el machete entre la maleza.

En base a esta metáfora, nuestro protagonista lidia con multitud de recursos bibliográficos y electrónicos en su afán por encontrar fuentes fiables con sello de calidad. A lo largo de esta cruzada debe ser capaz de dejar atrás informaciones teñidas de pseudomedicina y con sesgos comerciales.

Los redactores médicos ejercen, sin duda, de grandes content curators, separando el grano de la paja.

5.      Los redactores médicos son auténticos todoterrenos

Algunos redactores médicos se concentran en un campo de la medicina, mientras que otros llegan a ser especialistas en la redacción de un solo tipo de documento.

Sin embargo, la mayoría de este colectivo trabaja sobre múltiples especialidades médicas y con una gran variedad de tipos y formatos de documentos.

Son todoterrenos que transitan múltiples arenas.

Documentos de estudios clínicos, informes de seguridad y eficacia de fármacos, informes de investigación, protocolos de investigación farmacéutica, folletos informativos para pacientes, infografías, sumarios de ensayos clínicos, documentación divulgativa de educación sanitaria, notas de prensa, pósters, resúmenes de conferencias o congresos, artículos para blogs/webs médicas o de pacientes/familiares, textos médicos para profesionales sanitarios, publicaciones en revistas médico-científicas, materiales de soporte en campañas de marketing farmacéutico… y más y más y más.

6.      Son profesionales que se mueven divinamente entre pluralidad de agentes

El trabajo de redactor médico está cotizado, principalmente, en empresas farmacéuticas, en Contract Research Organizations (CROs), en editoriales y en agencias de comunicación que generan y distribuyen información médico-farmacéutica. Igualmente, sus servicios pueden ser reclamados por médicos y centros sanitarios privados.

Sin embargo, según un estudio realizado por la AMWA, el perfil laboral mayoritario de redactores médicos es de tipo independiente como freelancers, ofreciendo sus servicios externamente a los múltiples agentes.

Estos profesionales deben tener una excelente capacidad de comunicarse por escrito, como es obvio, pero también para comunicarse en equipo y con colaboradores que tienen distintos orígenes y conocimientos.

Y es que los redactores médicos son tipos cordiales que hacen buenas migas (¡y negocios!) con un gran espectro multidisciplinar de profesionales.

7.      Son business people y, además, multitask

El desafío de un empleo tipo freelance, el más extendido entre los redactores médicos, conlleva la puesta a punto de un gran abanico de habilidades y actividades ajenas de la escritura.

Yo me lo guiso yo me lo como.

Estos trabajadores velan por su negocio respondiendo al teléfono y a los emails de clientes, realizando campañas de fidelización de los mismos, publicitando sus servicios e imagen, confeccionando los documentos y textos biomédicos que conforman el núcleo de su actividad, realizando presupuestos, facturas y llevando las cuentas… y, seguramente, me dejo algo en el tintero.

Son auténticas “máquinas multitareas” capaces de realizar funciones de secretariado, administrativas, comerciales, de marketing, de gestión y, cómo no, de redacción.

8.      Los superhéroes tienen superpoderes

Así es. Los redactores médicos presentan múltiples cualidades, fortalezas y destrezas características de su condición.

En primer lugar, poseen tanto competencias relacionadas con el pensamiento deductivo, como con el analítico y el conceptual.

Además de dominar los conceptos, las abreviaturas y el argot biomédico hacen gala de una ortografía, gramática y sintaxis impecables, practican la claridad expositiva y formulan textos concisos y precisos.

Asimismo, disponen de una afinada mirada para controlar los detalles, superpoder indispensable para revisar, corregir los documentos e identificar los puntos más relevantes.

Palabras y oraciones se ordenan y fluyen de manera distinta cuando los textos se dirigen a una u otra audiencia o en dependencia de los requerimientos de una u otra tipología de documento.

En este sentido, los redactores médicos son auténticos artistas moviéndose por todos estos registros.

Y, por si todo esto fuera poco, son capaces de dominar la técnica del copywriting o escritura persuasiva en aras de la creatividad y la elaboración de contenidos apetecibles.

9.      Son virtuosos de las herramientas informáticas

Los redactores médicos forman un inestimable tándem con su camarada de aventuras, su ordenador.

Juntos trabajan, sin descanso, para completar las misiones de redacción encargadas, siempre sin sobrepasar el típico deadline.

El redactor médico ha desarrollado unas dotes refinadas en el manejo de las herramientas informáticas.

Conoce con absoluta seguridad todas las funcionalidades de los procesadores de textos y, tan pronto realiza “control de cambios”, como inserta una referencia cruzada o una tabla de contenido.

Word no tiene secretos para él.

Son, además, visitantes recurrentes de bases de datos biomédicas, de directorios de revistas médicas donde hallar las publicaciones electrónicas de especialidades concretas y son eficientes configurando servicios de alerta en sus editoriales favoritas.

Y no sólo eso.

Estos profesionales son muy hábiles utilizando software de administración de bases de datos bibliográficas, paquetes estadísticos y tienen un sentido artístico exquisito, realizando infografías y presentaciones muy atractivas.

Por último, dominan plataformas para realizar desarrollos web dirigidos a la gestión de blogs biomédicos, dinamizan contenidos en redes sociales y son unos hachas elaborando textos estratégicos optimizados para los motores de búsqueda.

10. Son personas con altas dosis de generosidad y ética

Los redactores médicos son gente espléndida y honesta.

¿Cómo sino se explica que han tomado la decisión de escribir para otros otorgando el crédito de su propio trabajo a un tercero?

Incluso, en algunas ocasiones, son autores en la sombra bajo la práctica bastante dañina del ghost-writing, sin mención ni agradecimiento alguno.

Los superhéroes que nos ocupan deberían ser una “especie protegida”, puesto que no persiguen la fama ni la popularidad. En estos casos, tienen algo más valioso, la íntima satisfacción del trabajo bien realizado.

El código ético es uno de los principios más básicos y arraigados en estos profesionales y en sus foros asociativos.

Así, la ética rige su actividad diaria, alejándose de riesgos potenciales, tales como el plagio, la redacción de artículos favorables a un patrocinador o la subjetividad.

 

Unos fenómenos ¿a qué sí?

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