¿Sabes qué diferencia a los buenos médicos de los malos?

Sí, sí, señorita, quiero cita con el Dr. ABC… no me importa si tengo que esperar más días para que me visite”, “No gracias, el Dr. XYZ no, prefiero esperarme a que me vea el Dr. ABC”.

El post de hoy, nace después de leer un libro muy recomendable sobre el sentido de la vida y de cómo vivirla plenamente. Como dice su autor, Victor Küppers, “solo se vive una vez, pero una vez es suficiente si se hace bien”.

Sus páginas rezuman sensaciones y anhelos de cambio y han despertado en mí las ganas de escribir estas líneas.

Lo que realmente diferencia a las personas es su forma de ser y las actitudes que toman ante cada circunstancia. Quédate con estas palabras porque son el quid de la cuestión.

Los pacientes, afortunadamente, tienen ante ellos un panel de facultativos muy competentes y hábiles.

Eso no lo vamos a discutir.

Sin embargo, ¿por qué deseo cita con el Dr. ABC y no con el Dr. XYZ?

¿Por qué éste (y siempre éste) y no aquél?

¿Crees que será casualidad que el Dr. ABC tenga la agenda con overbooking, mientras que el Dr. XYZ tiene cita disponible para mañana?

¿A quién prefieren los pacientes?

Partimos de la base que todos somos competentes (un diploma en la pared de tu consulta lo acredita, ¿cierto?).

Ahora bien, imagina lo siguiente (inspirado en el libro “Vivir la vida con sentido”):

  • Premio extraordinario en la especialidad de Cirugía cardiaca por la Universidad de Boston, doctorado en Harvard Medical School con todos los honores, Máster en metodología clínica simultaneado con un MBA en gestión hospitalaria, director de la Unidad de Arritmias del hospital, ponente en mil y una conferencias, más de 200 artículos en revistas internacionales.

Personalidad: altivo, arrogante, impaciente, orgulloso, frío, individualista, mote “el estirao”.

  • Licenciado en Medicina por la Universidad de Barcelona (costó un par de años más porque la vida universitaria tiene que disfrutarse a lo grande), autor de 1 libro de divulgación médica, 2 artículos internacionales.

Personalidad: generoso, paciente, amable, positivo, agradable, empático, con un buen rollo y chispa que se contagian, mote “el bombilla“.

La pregunta del millón, ¿quién tendrá más cola en su consulta? ¿a quién preferirán los pacientes?

La Sra. Encarna, quien tiene un problema de corazón, no se verá deslumbrada por la titulitis; en cambio, el trato amable y las explicaciones generosas sí le robarán el corazón.

El aura que rodea a las personas, el feeling, la química y lo que transmitimos marca, absolutamente, la diferencia.

(c + h) x a

Según Küppers, todo lo anterior se puede plasmar en una sencilla fórmula: (c + h) x a.

Conocimientos (c) y habilidades (h) suman y son importantes (obviamente), pero el factor multiplicador es la actitud (a).

La actitud, o lo que es lo mismo, la forma de ser, es lo que nos hace pequeños, grandes o titánicos.

Las actitudes que mostramos a los demás son nuestro factor diferenciador Clic para tuitear

A-C-T-I-T-U-D-E-S para derrochar en la consulta

¡Toma nota o, mejor aún, ponlo en práctica desde ya!

redactor medico freelance

A: Alegra

Puedes fomentar la alegría, así como aprender a ser más alegre. Por supuesto que se puede aprender a ser más alegre. Empieza rodeándote de gente contenta, optimista y positiva. Ya sabes, ésos que tienden a ver la botella medio llena.

Derrocha buen ánimo con tus pacientes, abandona la desgana y ten conciencia de lo afortunado que eres ejerciendo una profesión que, en realidad, es una vocación.

Alégrate, sencillamente, por estar ayudando a los demás.

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¿Y si te lanzas a explicar alguna anécdota personal? ¿Y si pones un bol de grageas de chocolate en tu mesa para ofrecer a tus pacientes, como antítesis a las grageas de medicamentos a las que están acostumbrados? ¿Y si redecoras tu consulta con un nuevo aire más alegre y confortable?

C: Celebra

Celebra la suerte que tienes. Aprecia los pequeños grandes momentos que te regalan tus pacientes. Celebra sus palabras de agradecimiento por tus consejos, remedios y tratamientos.

Celebra la rehabilitación y mejora que experimentan tus pacientes, gracias a ti.

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¿Y si celebras el aniversario del tiempo que llevas en tu trabajo con unos bombones y los compartes con tus compañeros y pacientes? ¿Y si celebras con tu paciente su recuperación y os tomáis un café juntos en la máquina del pasillo?

T: Transmite

Transmite y muestra tu mejor cara, deja tus problemas personales en la puerta de tu consulta. No somos responsables de la cara que tenemos, pero sí de la que ponemos.

Sin ninguna duda, la persona que esté frente a ti adoptará la misma actitud. Abandona la cara de peix bullit, como decimos en Cataluña.

Transmite, vibra, comunica con tus gestos y lenguaje corporal, sé cercano en el trato y en tus explicaciones. Baja del pedestal.

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¿Y si cuando estás en la consulta abandonas la bata blanca para ganar cercanía con tus pacientes? ¿Y si cuando saludas a tus pacientes lo haces con un apretón de manos sincero y sentido? ¿Y si transmites a tus pacientes que te importan, simplemente, diciéndoselo?

I: Ilusiónate

Nunca pierdas la ilusión. Si por algún motivo (te han cambiado de planta, de supervisor…) no haces lo que te gusta, haz que te guste lo que haces. Ingéniatelas para darle la vuelta a la situación, ya que todo depende del cristal con que se mire.

Recuerda la ilusión que tenías en tu primer día de facultad, el rubor que sentiste la primera vez que te llamaron doctor, los nervios con tu primer paciente… Lo que haga falta para sentir, de nuevo, las mariposas en el estómago.

Ten ilusión por mejorar y no estancarte en tu profesión. Aprende, haz formación continuada e ilusiónate con las nuevas tecnologías y la eSalud.

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¿Y si, por fin, te matriculas en el curso online sobre imagen cardiaca que tienes entre ceja y ceja? ¿Y si recomiendas a tus pacientes una maravillosa app que puede serles de utilidad para el manejo de su enfermedad? ¿Y si inicias las acciones necesarias para aprender una nueva técnica en otro centro diferente al tuyo?

T: Tranquiliza

Tranquiliza a tus pacientes y no seas, gratuitamente, alarmista. Modera tus palabras y el tono comunicativo. Tus pacientes están muy atentos a tus gestos y palabras, puesto que su bienestar está en juego. Desprende confianza en tus juicios, sé resolutivo, sé concreto, evita vaguedades, adapta tu lenguaje e infúndeles la seguridad de que están en las mejores manos.

Un aspecto tranquilizador para/con tus pacientes es el compromiso en favor de su empoderamiento, lo que conlleva su implicación activa y cooperativa contigo. Recuerda que sois un equipo en la toma de decisiones sobre su salud.

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¿Y si en vez de decir “esta analítica no tiene buena pinta, vamos a repetirla” dices “me gustaría reconfirmar un valor de esta analítica y lo más práctico será repetirla”? ¿Y si explicas el funcionamiento de un aparato o en qué consiste la prueba a la que tus pacientes temen? ¿Y si le recuerdas a tu paciente lo bien que va a sentirse después de seguir el tratamiento que prescribes?

U: Unicidad

Sé único y haz cosas únicas. Sé genuino. Don’t imitate, innovate.

Las personas únicas tienen confianza en sí mismas y son carismáticas. Según me consta, el carisma no nace, sino que se hace. Es decir, se puede aprender a desarrollar hábitos carismáticos que enamoren y deslumbren a tus pacientes. No repliques conductas instauradas, sé singular.

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¿Y si te arremangas las mangas de la camisa para dibujar trazos y esquemas que clarifiquen tu diagnóstico? ¿Y si demuestras paciencia con las cuestiones que te plantean tus pacientes sobre lo que les ha dicho el Dr. Google? ¿Y si recomiendas viajes en pareja y paseos a la montaña para tus pacientes?

D: Deontología

Practica el código deontológico. Dentro de las cuatro paredes de tu consulta haz que rija la ética. Todos sabemos, o intuimos, aquello que está o no está bien. Obra con el comportamiento más correcto y deja que éste guíe tu práctica profesional.

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¿Y si, ante las decisiones para/con tus pacientes, piensas primero en si actuarías del mismo modo con tu madre, esposa o hijo? ¿Y si prescribes los fármacos en los que realmente confías, obviando, si los hubiere, presiones o incentivos de terceros?

E: Empatiza

Sé un médico empático y cercano. Estas actitudes harán sentir bien a las personas a tu lado. Escucha atentamente aquello que exponen tus pacientes, pon atención a su lenguaje corporal. Imagina sentir y conocer, en primera persona, las emociones a las que se refieren. Conecta emocionalmente con ellos.

Según los entendidos en el desarrollo de las habilidades sociales, llamar a los demás por su nombre tiene un sorprendente efecto halagador, ya que el dirigirse a esa persona como lo hace su círculo más íntimo es percibido como un interés hacia ellos.

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¿Y si tomas unos momentos iniciales para conectar con tus pacientes formulando una pregunta ajena a la consulta? ¿Y si creas cercanía llamado por su nombre a tu paciente (¿Qué tal Sra. Juárez? versus ¿Qué tal Encarna?)? ¿Y si prestas atención a su tono, postura, silencios, expresión, mirada? ¿Y si sermoneas menos y entiendes más?

S: Sonríe

Una sonrisa lo cambia todo. Derrocha sentido del humor y buen rollo, no por ello serás peor médico o menospreciado profesionalmente ¡todo lo contrario!

Haz que el tiempo que tu paciente está contigo sea grato y, para lograrlo, recuerda que la risa es la distancia más corta entre él y tú.

Recibe a tu paciente con una sonrisa y, de la misma manera, despídele cuando se vaya.

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¿Y si recomiendas a tus pacientes unas sesiones de risoterapia? ¿Y si te arrancas a explicar a tu paciente el chiste que te contaron ayer? ¿Y si empiezas cada día con una sonrisa y la mantienes todo el día?

Mi última propuesta: cambia la contraseña de entrada del ordenador de tu consulta. ¿La adivinas?

Esa palabra mágica te recordará, al comenzar tu jornada diaria, qué distingue a los buenos médicos de los no tan buenos.

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