¿Conoces la jerarquía y solidez de las fuentes científicas?

jerarquía fuentes científicas

Cuando tienes ante ti un artículo o una noticia que se hace eco de un determinado estudio científico… ¿cómo tener un juicio crítico para discernir si dicho trabajo es o no sólido y fiable? En definitiva, ¿cómo reconocer la jerarquía y solidez de las fuentes científicas que consultas?

Quizás, ese trabajo podría resultarte de utilidad y tener cierto impacto para respaldar algún aspecto de tu servicio o producto de salud o, por el contrario, podría ser simplemente un globo que explota antes de terminar de hincharlo y ni deberías mencionarlo.

¿Cómo saber si es esa evidencia científica puede remar a favor de tu credibilidad aportando conclusiones sólidas?

Antes de entrar de lleno en la jerarquía de las fuentes científicas…

Si no controlas demasiado los diferentes tipos de diseños experimentales te recomiendo que, antes de seguir leyendo, le eches un vistazo a un artículo previo donde podrás refrescar algunos conceptos clave. Allí, se hace un repaso de los principales tipos de diseños.

 

¿Todo controlado?

Entonces ya podemos pasar a ver la infografía que te he preparado donde se presenta un gradiente de fuerza y validez de las diferentes evidencias científicas con las que puedes toparte.

El objetivo, recuerda, es que aprendas a discernir aquellas fuentes de mayor calidad y solidez, así como de sus principales limitaciones.

 

Jerarquía evidencia científica
Adaptado de: El Consejo Europeo de Información sobre la Alimentación (EUFIC). Jerarquía de la evidencia científica How strong is the scientific evidence? | Eufic

Ahora bien, la jerarquía no es tan rígida como podría parecer a primera vista

Aunque el diseño de investigación establece el nivel inicial dentro de la jerarquía de evidencia, la confianza real en los resultados depende de la calidad metodológica del estudio. Factores como el riesgo de sesgo, la presencia de confusión residual, la consistencia de los hallazgos y la precisión de las estimaciones pueden modificar sustancialmente la interpretación de la evidencia, tal como recoge el enfoque del GRADE Working Group.

Por ello, una revisión sistemática o metaanálisis no ocupa siempre la cima de la pirámide de forma automática. Su solidez depende directamente de la calidad de los estudios que analiza. Así, una revisión sistemática de ensayos clínicos aleatorizados (ECAs) sí representa la evidencia más robusta disponible. Sin embargo, una revisión sistemática de estudios observacionales, aunque valiosa, se situaría por debajo de un ECA individual bien diseñado (en situaciones con efectos muy consistentes o de gran magnitud, algunas evidencias observacionales pueden alcanzar un alto grado de credibilidad).

El diseño determina el nivel teórico, pero la calidad metodológica determina la confianza final. De este modo, una jerarquía más precisa quedaría así:

  1. Revisión sistemática y metaanálisis de ECAs: el nivel más alto de evidencia.
  2. ECA individual bien diseñado: aleatorización, grupo control y ciego adecuado.
  3. Revisión sistemática de estudios observacionales: útil, pero con las limitaciones propias de los estudios que la componen.
  4. Estudio de cohortes: seguimiento (observacional) prospectivo o retrospectivo de poblaciones.
  5. Estudio de casos y controles: comparación (observacional) retrospectiva entre quienes tienen y no tienen una determinada condición.
  6. Estudio transversal: fotografía puntual (observacional) en el tiempo; útil para prevalencia, pero no permite establecer causalidad.

Otra figura que encontrarás frecuentemente en la literatura científica, especialmente en medicina clínica, es el reporte o serie de casos clínicos. Se trata de la descripción detallada de uno o varios pacientes con una característica o respuesta inusual. Su valor radica en que puede generar hipótesis y alertar sobre fenómenos nuevos, pero al carecer de grupo de comparación, su capacidad para establecer conclusiones generalizables es muy limitada.

Por cierto, ¿sabías que existen más de 100.000 revistas científico-técnicas? 

Los índices de impacto o indicadores de calidad de las revistas también pueden ser tus aliados en la jungla de evidencia científica que hay ahí afuera.

Los índices de impacto son unos números que sitúan a las revistas científicas, en las cuales los científicos publican sus estudios, en un ranking de “calidad”.

Este criterio de calidad se realiza en base a la calidad de los contenidos que se publican en ellas y al impacto que suscita (como citas o referencias recibidas a sus artículos) en la propia comunidad científica.

Indudablemente, los requerimientos para publicar en una revista de impacto elevado serán más altos y los procesos de evaluación serán más exigentes que en una revista con un índice de impacto bajo.

Alguno de los indicadores más conocidos son el Journal Citation Report [JCR] o el SCImago Journal & Country Rank.

En definitiva, estos índices de impacto que ordenan las revistas en función de su “calidad” son otra herramienta que puedes utilizar a la hora de decantarte por apoyar tus aseveraciones utilizando una u otra fuente.

Finalmente, en la práctica clínica, un tipo de fuente especialmente importante son las guías de práctica clínica elaboradas por sociedades científicas, que integran de forma sistemática la mejor evidencia disponible y la combinan con el juicio de expertos para emitir recomendaciones aplicables a la toma de decisiones. Por ello, aunque no constituyen un diseño de estudio en sí mismo, representan una síntesis de alto valor para la práctica clínica.

En conclusión, saber leer la evidencia científica es una habilidad esencial para cualquier profesional de la salud. No basta con que un estudio exista: hay que preguntarse cómo está diseñado, con qué rigor metodológico se ha llevado a cabo y en qué revista ha sido publicado.

Las revisiones sistemáticas y metaanálisis de ensayos clínicos aleatorizados representan la cima de la jerarquía, pero su solidez siempre dependerá de la calidad de los estudios que las componen. Herramientas como los índices de impacto o las guías de práctica clínica son aliados valiosos para orientarse en un panorama científico vasto y, a veces, contradictorio.

En definitiva, desarrollar una mirada crítica ante la evidencia no solo protege tu credibilidad profesional, sino que, sobre todo, garantiza que las decisiones que tomes estén respaldadas por el conocimiento más sólido disponible.

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