Médico en redes sociales: lo que conviene saber antes de darle a «publicar»

médico en redes sociales

¿Cuántas veces has visto a un médico en redes sociales compartir un caso clínico con el nombre cambiado y la ciudad omitida, convencido de que así está a salvo? ¿O a otro responder en los comentarios a alguien que describe sus síntomas con pelos y señales, como si aquello fuera una consulta exprés y gratuita?

La intención, casi siempre, es buena. El problema es que la buena intención no cubre las espaldas ante la ley ni ante el Código Deontológico.

En España hay más de 40.000 médicos en redes sociales de manera activa y la mayoría publica sin saber exactamente dónde están los límites. Y los límites, en este caso, tienen consecuencias muy reales.

Vamos por partes.

Cuando el médico en redes sociales publica, publica como médico

Parece una obviedad, pero tiene más implicaciones de las que parece.

Un abogado puede tener una cuenta donde opina sobre política o comparte recetas de cocina sin que nadie le exija coherencia con su condición profesional. Un médico, en cambio, tiene menos margen. No porque la ley lo prohíba, sino porque la percepción pública y la propia deontología vinculan su identidad personal a su credibilidad clínica de una forma que no ocurre en casi ninguna otra profesión.

Es decir, cuando abres una cuenta con tu nombre real, tu fotografía y tu especialidad, estás invitando a tu audiencia a leerte como médico. A partir de entonces, todo lo que publicas desde ese perfil lleva el peso implícito de tu titulación. Por ello, una afirmación incorrecta sobre vacunas, una exageración sobre los beneficios de un suplemento o un comentario sobre un caso clínico que te parece inofensivo no son solo errores, sino que pueden ser, según el Código de Deontología Médica vigente, conductas contrarias a la ética profesional.

¿Y qué dice exactamente ese Código?

El Código Deontológico de 2022: por primera vez, las redes tienen capítulo propio

El Código aprobado en diciembre de 2022 por la Organización Médica Colegial (OMC), vigente desde marzo de 2023, es el más actualizado del mundo en su género y, por primera vez en la historia de la deontología médica española, incluye un capítulo específico sobre médicos y redes sociales.

Su artículo 81.4 establece que el médico debe cuidar su actitud, imagen y lenguaje en los sistemas de comunicación social. El artículo 81.5 va más allá: contribuir a divulgar informaciones falsas y no contrastadas que van contra la evidencia científica es, directamente, contrario a la Deontología Médica. Y, por si quedaran dudas, el artículo 83.2 añade que el médico no debe difundir información que cree falsas expectativas, alarma social o confusión respecto al cuidado de la salud.

Toda esta información debería ser a estas alturas de la película de obligado conocimiento y cumplimiento para todos los médicos colegiados en España, ya que su incumplimiento puede derivar en falta disciplinaria. Así de claro.

El caso clínico que «nadie va a reconocer»

Esta es, probablemente, el área donde más médicos cometen errores sin saberlo. Y sin querer, que es lo peor.

La lógica habitual es conocida: cambio el nombre, cambio la ciudad, cambio el año. Y, así, nadie puede saber de quién hablo.

Esa lógica es incorrecta desde el punto de vista jurídico y potencialmente incorrecta también desde el punto de vista práctico. Los datos de salud son, según el RGPD y la LOPDGDD, una categoría especial de datos personales que merece el máximo nivel de protección. Anonimizar no es tachar el nombre con rotulador negro y listo. Implica que sea imposible identificar al paciente de forma directa o indirecta, incluso combinando lo publicado con otras informaciones disponibles.

En la práctica, esto es mucho más difícil de lo que parece:

  • Una combinación poco habitual de patologías puede identificar a una persona aunque no se mencione ningún dato demográfico.
  • Las imágenes diagnósticas (ECG, radiografías, ecocardiografías) pueden contener características técnicas que permiten rastrear su procedencia.
  • Detalles narrativos del curso clínico, la fecha y el centro pueden ser suficientes para que el propio paciente, sus familiares o sus compañeros lo reconozcan sin ninguna ayuda.

¿Las consecuencias de equivocarse? Atención, porque pueden llegar por tres vías a la vez:

¿Cómo hacer bien las cosas? La solución más sólida es obtener el consentimiento informado explícito y por escrito del paciente, incluso para material que te parezca perfectamente anonimizado. Ya sabes que las revistas médicas y científicas de casos clínicos llevan años exigiendo este requisito. Trasladar ese estándar a las redes es sentido común con respaldo legal.

Divulgar no es lo mismo que aconsejar. Y no solo pasa en redes

Esta distinción es clave y conviene tenerla muy clara antes de responder ese comentario que acaba de llegar.

Imagina la escena: publicas un contenido sobre fibrilación auricular y alguien deja un comentario describiendo sus síntomas con todo lujo de detalles. Tú respondes, con buena intención, obvio. Pero en ese momento puedes haber cruzado una frontera importante, porque responder preguntas clínicas individualizadas en redes puede constituir un acto médico sin ninguna de las garantías que la ley exige: sin historia clínica, sin anamnesis completa, sin exploración física, sin consentimiento informado y sin posibilidad de seguimiento.

Además, este escenario no ocurre solo en Instagram o en Twitter. Plataformas como Doctoralia tienen una sección específica de preguntas y respuestas donde los pacientes plantean sus dudas de forma anónima y los especialistas las responden públicamente. Top Doctors, por su parte, ofrece un chat donde médicos de distintas especialidades contestan consultas en cuestión de minutos. Son entornos con más estructura que un hilo de comentarios, sí, pero el riesgo deontológico no desaparece por el hecho de que la plataforma tenga logo corporativo. Es decir, si la respuesta individualiza el consejo sin los elementos clínicos necesarios, el problema es exactamente el mismo.

Un truco sencillo y claro clarinete para hallar la diferencia entre divulgar y aconsejar: ¿el contenido es aplicable a una población o a una persona concreta?

  • Divulgar (terreno seguro): «Las personas con fibrilación auricular tienen un riesgo elevado de ictus. Por eso la anticoagulación está indicada en la mayoría de casos según las guías ESC.»
  • Aconsejar (zona de riesgo): «Con los síntomas que describes y tu edad, probablemente no necesites anticoagulación todavía.»

La segunda respuesta puede ser clínicamente incorrecta sin la información completa del caso. Como médico te coloca en una posición de responsabilidad sin los elementos necesarios para ejercerla.

La respuesta correcta ante preguntas concretas de seguidores es siempre la misma: contexto general y derivación a la consulta presencial. Puedes emplear una frase como «esto depende de muchos factores que solo tu médico puede valorar con tu historial completo»; no es una evasión ni una forma de escurrir el bulto, sino la respuesta clínica y deontológicamente correcta.

En definitiva: el médico puede hablarle a todos sobre salud. Pero no puede hacer de médico de nadie en público.

Patrocinios y conflictos de interés: la trampa del «solo es información»

Laboratorios, marcas de suplementos, aplicaciones de salud y clínicas privadas buscan cada vez más colaboraciones con médicos que tienen audiencias amplias. En muchos casos, estas colaboraciones son legítimas y bien gestionadas. En muchos otros, sin embargo, generan conflictos de interés que ni el médico ni su audiencia perciben con claridad. Y lo que no se percibe, difícilmente se declara.

El artículo 84.2 del Código Deontológico es explícito: el médico que difunde contenidos profesionales en medios telemáticos debe mencionar explícitamente los patrocinios recibidos y los posibles conflictos de intereses. Además, los medicamentos de prescripción no pueden anunciarse al público general bajo ningún formato, tampoco bajo el del «consejo médico» de un divulgador con bata blanca, que ya sabemos todos que queda especialmente convincente.

Por todo ello, cualquier colaboración remunerada debe declararse de forma visible. ¿Cómo? Etiquetando el contenido como publicidad en cada plataforma y siendo transparente sobre la naturaleza exacta de la relación (honorarios, advisory board, producto recibido gratuitamente).

Un test rápido antes de publicar: ¿si tus pacientes supieran que tienes esa relación con esa empresa, cambiaría su percepción de lo que estás diciendo? Si la respuesta es «probablemente sí», la obligación de declararlo es clara. Recuerda que la transparencia no daña la credibilidad, mientras que la opacidad, cuando se descubre (y en el entorno digital, tarde o temprano se descubre), sí.

Si eres médico en redes sociales: 6 preguntas antes de publicar

¿La información clínica está respaldada por evidencia sólida? Si no es así, busca la fuente primaria antes de publicar. Una afirmación sin respaldo no se vuelve válida por tener muchos «me gusta».

Si incluyes un caso clínico, ¿está anonimizado de verdad o cuentas con consentimiento escrito? Si la respuesta es no, no publiques. La anonimización «de buena fe» o «con fines divulgativos o docentes» no protege jurídicamente y ese matiz importa mucho cuando llega la inspección.

¿El contenido podría crear falsas expectativas o confusión diagnóstica en quien lo lee? Si hay la menor duda, añade contexto aclaratorio o reformula antes de publicar. Lo que para ti es obvio, para tu audiencia puede no serlo en absoluto.

Si mencionas un producto o marca, ¿has declarado cualquier relación económica con ellos? Si no lo has hecho, añade la declaración de conflicto de interés de forma explícita y visible en la misma publicación. No en la biografía del perfil. En esa publicación.

¿Hay alguna imagen que requiera consentimiento o anonimización? Si no lo tienes claro, elimina o difumina antes de publicar. Las imágenes son el vector más frecuente de vulneración de privacidad y, una vez que circulan a lo largo y ancho de la red, ya no hay botón de deshacer que valga.

¿Estarías cómodo explicando por qué publicaste esto ante la Comisión Deontológica de tu colegio? Si la pregunta genera incomodidad, ya tienes la respuesta.

Publicar con rigor y responsabilidad en redes no es renunciar a la divulgación. Es hacerla bien, que es bastante más difícil y bastante más valioso.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

¿Necesitas escribir textos para vender salud o bienestar?

Soy Laura Calpe, copywriter especializada en salud y redactora médica.

Únete a mi comunidad si deseas recibir estrategias y contenidos exclusivos para suscriptores con una única finalidad: atraer clientes y pacientes mediante textos promocionales fetén.

Para empezar a abrir boca, tendrás acceso a dos regalos de bienvenida:

  • Vídeo clase para escribir mensajes de venta que convencen.
  • Ebook con las 3 claves para mejorar los textos de tu web de salud.
laura calpe unete
Ir arriba